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Personajes de la AIECS: Cees Hamelink

Boletín de Noticias AIECS | Julio de 2015

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Desde que se afilió a la AIECS en 1972, Cees Hamelink fue integrante del Consejo Internacional, ejerció la presidencia de la asociación y ahora preside el Comité de Recaudación. Para este reportaje especial, el vicepresident de AIECS Pradip Thomas ha reunido cinco pequeños artículos que conforman una semblanza de Cees, escritos por Cees, Ulla Carlsson, Slavko Splichal, Ullamaija Kivikuru y Kaarle Nordestreng.

Cees tembién es un consagrado intérprete de jazz. Quienes asistan al congreso de Montreal este año no deben perderse la "conferencia jazzística” de Cees y su banda Burgundian Combo, que dará inicio a la fiesta a las 18:00 hs del miércoles 15 de julio.

Cees Hamelink y la AIECS

Cees Hamelink

A principios de los años 70 (como director de Investigación en Comunicación de la Federación Mundial Luterana de Ginebra) organicé un taller acerca de la situación de la investigación en materia de comunicación en Hilversum, Países Bajos. Esta fue una primera oportunidad para conocer a algunos destacados miembros de la AIECS como James Halloran, Herbert Schiller, Kaarle Nordenstreng, K. Eapen, Alfred Opubor y Luis Ramiro Beltrán. Este fue un grupo de académicos tan inspirador que decidí convertirme en miembro de la asociación en 1972. En 1974 me convertí en integrante del Consejo Internacional y en 1988 fui elegido presidente por el período 1990-1994.

Un periodo memorable en el cual la oficina administrativa de la Asociación se estableció en Ámsterdam.

Durante todos estos años, la Asociación se convirtió, para mí, en un lugar importante para reflexiones académicas sobre diferentes aspectos de la comunicación humana, para crear redes con la élite académica en la investigación en comunicación y para cultivar amistades longevas y significativas.

La AIECS fue (y sigue siendo) para mí un hábitat fascinante para la interacción global, la academia crítica y el activismo de políticas. Las ciencias sociales y, entre ellas, el  campo de la investigación en comunicación y medios tiende a imitar las “ciencias duras” en la búsqueda de información cuantificable que a través de procesamientos estadísticos conduce a un conocimiento basado en la evidencia. Desafortunadamente, este acercamiento miope no nos ha guiado hacia conocimientos significativos y entendimientos útiles de las complejidades de la comunicación humana, pero ciertamente produjo avalanchas de publicaciones académicas y títulos de doctorado. Sin minimizar la importancia de todo este trabajo, siempre es reconfortante encontrar a lo largo de los años dentro de la AIECS muchos colegas que se dieron cuenta de que la ciencia no se trata de entregar evidencia o pruebas, sino de crear aproximaciones temporales a la realidad que, por el momento, parecen ser las construcciones más plausibles.

Entre lo más destacado de los últimos años en la AIECS estuvo el diálogo entre Herb Schiller e Ithiel de Sola Pool en Caracas (1982) que tuve el privilegio de moderar: un espléndido e inspirador intercambio entre dos académicos con posiciones enormemente diferentes y, al mismo tiempo, un profundo respeto por sus respectivas perspectivas.

Para el siglo XXI me gustaría ver una Asociación que pueda movilizar fondos a largo plazo para su sustentabilidad, que continúe reuniéndose anualmente (a nivel global o regional) y que haga serios esfuerzos para enfrentarse a los desafíos clave de nuestros tiempos: la posibilidad real de la extinción prematura de nuestra especie. Empezamos nuestro viaje evolucionario como comunicadores y ahora necesitamos aprender cómo la comunicación humana puede ser un componente crítico en la supervivencia humana.

Estoy a favor de usar todas las herramientas digitales que están a nuestra disposición, pero el mundo podría ser un lugar mucho más inferior si no tuviéramos nuestras reuniones regularmente ni intercambiáramos conocimientos académicos con el placer de acompañarlos de buena comida y bebida. ¡La ciencia debería ser divertida, seriamente divertida!

Rememorando a Cees

Ulla Carlson

La libertad de expresión y la libertad de los medios están entre los asuntos más políticamente densos en el ámbito internacional actual. Los investigadores y expertos deben ampliar sus perspectivas y adoptar más acercamientos holísticos – hay una necesidad de hacer preguntas acerca del estado y el vigor de la democracia y los derechos humanos y civiles en nuestra era de digitalización y globalización.

Cees Hamelink es uno de los pocos investigadores que ha trabajado exitosamente con este espíritu por muchos años. Mucho de este trabajo –recordando su papel crucial en la Comisión MacBride hace 35 años– compete a uno de los derechos universales reconocidos: el derecho a comunicar, lo cual incluye expresar y escuchar muchas voces y una multitud de historias al igual que tener respeto por la integridad de otros seres humanos. Ha clarificado cómo los derechos humanos, al igual que semejantes principios fundamentales al respecto de la diversidad cultural y lingüística, tienen el potencial de promover un desarrollo social más democrático e igualitario.

Hamelink destaca y explora diferencias y entendimientos de democracia y derechos humanos desde una perspectiva multipolar. Hacer eso es un prerrequisito para desarrollar agendas de investigación innovadoras y genuinamente internacionales –agendas que atraviesan límites étnicos, culturales, religiosos y políticos– y para ayudar a mejorar la calidad y utilidad del conocimiento mundial.

La investigación de Cees Hamelink es a menudo el resultado de diálogos con un gran número de académicos y expertos de muchos países y disciplinas diferentes. En estas importantísimas conversaciones, él estimula la generación de nuevo conocimiento y nuevas formas de pensar. Además, y más importantemente, su trabajo nos invita a reflexionar y a pensar críticamente – simplemente a atrevernos a hacer más.

Hamelink es "sensible no sólo ante la validez y la congruencia de la academia, sino también ante la ‘justicia práctica’

Slavko Splichal

La decisión de Jim Halloran de terminar su mandato luego de presidir la AIECS durante más de quince años representó un reto importante para el futuro de la Asociación. Luego de haber elegido a Cees Hamelink como su sucesor como el quinto presidente de la AIECS, si lo recuerdo correctamente, en 1988, los miembros de la Asociación tomaron probablemente la decisión más sabia para asegurar un camino de crecimiento constante para la AIECS.

La carta abierta recientemente publicada escrita por Cees Hamelink al Presidente ruso Putin, pidiendo disculpas por la cobertura de los medios holandeses de la tragedia de MH17 en Ucrania en julio de 2014, revela mejor su personalidad y sus cualidades como un académico y defensor de la comunicación internacional. Su bagaje en filosofía y psicología, su experiencia periodística y su trabajo para varias organizaciones internacionales incluyendo a la Unesco resultan en un hombre excepcional e intelectual, sagaz y perceptivo al mismo tiempo, quien inspiró a todos a su alrededor; sensible no sólo ante la validez y la congruencia de la academia, sino también ante la ‘justicia práctica’.

Su principal campo de investigación, comunicación internacional, ofrece desafíos infinitos a las problemáticas de las conceptualizaciones teóricas y normativas, la veracidad operativa de los conceptos y estándares éticos de acciones que Cees siempre logró combinar de forma brillante, haciendo énfasis en la necesidad de la transdisciplinariedad, ‘éticas de desarrollo’ y un acercamiento crítico a la investigación en comunicación. Ese tipo de mentalidad inspiró a muchos de sus compañeros en la AIECS y otros lados.

Imagino que la creencia de Cees de “es difícil imaginar cómo cualquiera podría embarcarse en la investigación científica sin ser crítico” no siempre fue apreciada entre sus colegas profesionales, pero ciertamente refleja mejor su escepticismo personal hacia una mentalidad acrítica y también –espero–  el camino de desarrollo de la AIECS que en gran medida ayudó a asentar.

Sinodal con gorro de dormir

Ullamaija Kivikuru

En Finlandia una defensa doctoral es un evento ceremonial donde todos los participantes se visten de negro. Sin embargo, si el sinodal viene de otra institución académica, a él o a ella se le recomienda ponerse su propio traje ceremonial. El espectáculo está compuesto por debates que duran horas entre el oponente y el sudoroso defensor doctoral.

Hoy, todo esto es puro teatro porque la tesis ya ha sido aprobada por los llamados pre-examinadores. El propósito oficial es darle al público una oportunidad para compartir nuevos conocimientos. Especialmente en los casos en que se reúnen profesores universitarios, colegas y amigos en grandes números.

Había dado clases en la Universidad de Helsinki por mucho tiempo antes de terminar mi tesis en 1990. Así que el público era grande. El boom de la internacionalización acababa de empezar en las universidades finlandesas. Fue así que el profesor Cees Hamelink de la Universidad de Amsterdam fue invitado a actuar como mi sinodal. Llegó a la defensa con una túnica colorida y un sombrero que recordaba a un gorro de dormir de los que usaban en las películas viejas. Al principio, Cees explicó que de acuerdo con la costumbre de la universidad, un sinodal debía ponerse la gorra cuando se decía algo importante – o era al revés. No lo recuerdo, porque estaba muy nervioso.

El debate duró tres horas, y la audiencia se rió mucho. El elocuente sinodal jugó con su gorra, poniéndosela y quitándosela. Muchos colegas aún dicen que fue un evento extremadamente divertido. Tal vez. No recuerdo nada de eso.

Los Países Bajos en el Norte

Kaarle Nordenstreng

A fines del verano de 1994, después de la conferencia de la AIECS en Seúl, donde Cees se convirtió en presidente, lo invité a él y a Seija a visitar la Laponia Finlandesa – un ambiente exótico para relajarse un poco después de cuatro años de arduo trabajo de los dos al frente de la oficina de la AIECS en Amsterdam.

Volamos a Ivalo más allá del Círculo Polar y contratamos un coche para que nos llevara a través de paisajes que recordaban tanto a los Alpes italianos como a la tundra Siberiana. Al final del camino al Noreste estaba Kirkenes, el pueblo en la frontera entre Noruega y Rusia en el Mar Barents, nombre tomado de un explorador holandés al final del siglo XVI. Todos sabemos que Cees odia el chauvinismo nacional y el turismo convencional pero nunca olvidaré su pose frente a la cámara con el Mar Barents al fondo.

La segunda experiencia de vuelta a casa en el Norte fue en medio de la nada en la amplia Laponia a donde llevé a los Hamelink a visitar la casa de un granjero de renos, Same, cuya esposa venía de una pequeña villa en los Países Bajos. Cuando fue una joven estudiante, guiaba grupos de deportistas que visitaban Laponia, y el conocer a este hombre aborigen convirtió su tour en una aventura de por vida. Seguramente ella era la única ama de casa lapona de origen holandés y nunca había sido visitada por compatriotas que pasaran por ahí. Les tomó mucho tiempo antes de terminar su conversación en holandés. Cees, el trotamundos, había encontrado una experiencia única.